La contaminación del aire es probablemente uno de los
problemas ambientales más serios a los que enfrenta nuestra civilización
actual. La mayoría de las veces, es causada por actividades
humanas como la minería, la construcción, el transporte, o el trabajo
industrial, pero también se produce por la agricultura, que en teoría
debería ser la que nos permita alimentarnos y a la vez darle un uso al suelo
sobre el que se cultiva, pero que tras años y años de usar pesticidas ha
acabado provocando que se produzca esa contaminación del aire.
A todo lo que acabamos de mencionar, cabría sumar también
los procesos naturales como erupciones volcánicas e incendios
forestales que también pueden contaminar el aire, pero su presencia es
rara y usualmente tienen un efecto local, a diferencia de las actividades
humanas que son causas omnipresentes de la contaminación del aire
y contribuyen a la contaminación global del aire cada día.
Un gran número de contaminantes puede contaminar el aire
en una gran variedad de formas. Casi cualquier producto químico tóxico
podría contaminar a su manera la atmósfera y el aire que
respiramos. Las partículas de aerosoles (nubes de partículas líquidas
y sólidas en un gas) que se encuentran en el aire también pueden contener
contaminantes.
Los compuestos químicos que reducen la calidad del aire
usualmente se conocen como contaminantes del aire. Estos compuestos
se pueden encontrar en el aire en dos formas principales: en forma gaseosa
(como gases), en forma sólida (como partículas suspendidas en el aire).
En la mayoría de los casos, los contaminantes del
aire no se pueden ver ni oler. Sin embargo, eso no significa que no
existen en cantidades suficientemente altas para ser un peligro para la salud.
Además, una serie de gases están vinculados al denominado
“efecto invernadero”, lo que significa que esos gases retienen más calor y, por
lo tanto, contribuyen al calentamiento global del planeta. El ejemplo más común
de un gas de efecto invernadero es el dióxido de carbono, que es emitido
por muchos procesos industriales. Otro ejemplo es el metano, que es
también un gas explosivo.
La contaminación atmosférica tiene graves efectos
sobre la salud humana. Dependiendo del nivel de exposición y del tipo de
contaminante inhalado, estos efectos pueden variar, desde síntomas simples
como la tos y la irritación del tracto respiratorio hasta afecciones
agudas como el asma y las enfermedades pulmonares crónicas.
Los problemas e irritaciones de la piel se pueden
desarrollar debido a la exposición prolongada a varios contaminantes del aire,
y una variedad de formas de cáncer se pueden desarrollar después de
inhalar contaminantes del aire. No debemos descuidar tampoco las enfermedades
potenciales causadas por la contaminación del aire.
Los contaminantes del aire que tienen graves efectos
negativos sobre la salud humana pueden clasificarse como tóxicos y no
tóxicos.

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